Pedro P. Yermenos Forastier – José Francisco, Caramba

Opinion - José Francisco carambaPedro P. Yermenos Forastier

José Francisco, Caramba   

Qué sociedad tan medularmente desigual es la nuestra. Inequitativa. Las oportunidades se presentan de manera desquiciada, sin ningún rigor ni sentido de justicia, como si un imán las atrajera donde menos se precisan y una fuerza desconocida las alejara de allí donde urgen.

Claro que no es de esa forma que operan los acontecimientos, que nada es casual, que todo es consecuencia lógica y directa de estructuras que generan absurdos sociales que bien podrían ser fuente de vergüenza de sus propiciadores, si la tuvieran.

Los ejemplos abundan, pero si quisiéramos seleccionar algunos paradigmáticos, el tuyo fuera un nombre infaltable en el listado de aquellos para quienes escalar pirámides se traduce en lucha cotidiana contra el desaliento, contra las ganas de desistir y rendirse ante obstáculos que a todas luces parecen insalvables.

Desde que fuiste concebido hasta que te sobrevino a destiempo una muerte que nada tuvo de fortuita, sino que se explica en gran medida a través del estrés insoportable al que fuiste sometido, tu vida fue un símbolo de la profunda inequidad de un entorno social en que a pocos les sobra todo y a muchos les falta hasta lo mínimo.

Estoy consciente de que los intentos por utilizarte conducen al sarcasmo de presentarte como prueba irrefutable de que cuando se quiere se puede y que todo lo que nos proponemos con suficiente ahínco podemos alcanzarlo. Pura patraña, total placebo para tontos a quienes se pretende adormecer haciéndoles creer que todo depende de la firmeza de su voluntad.

Lo cierto es todo lo contrario. En escenarios tan hostiles como el que te correspondió, que es el que debe padecer la mayoría de los habitantes de una nación que dispone de posibilidades para ser lo opuesto, anhelar algo con vehemencia es el camino más seguro a la frustración, a la depresión o a tomar la decisión de recurrir a alternativas violentas para alcanzar objetivos que el medio te incita a soñarlos con la misma intensidad que te los niega.

Ahora nos piden soportar a quienes habiéndote odiado ayer te reconocen hoy cuando el peligro que alimentó sus prejuicios como resultado de un racismo fanatizado y selectivo entró en receso para aprovechar tu prestigio y simular tolerancia.

Eso se llama oportunismo de la peor catadura, querer parecer lo que conviene, no lo que se siente. José Francisco, caramba, qué pena que se impusiera la pasión negativa que despertabas en los cínicos.