El decoroso patriotismo de la diáspora dominicana

El decoroso patriotismo de la diáspora dominicanaEl decoroso patriotismo de la diáspora dominicana
Elvis Ruiz
En la República Dominicana, la oligarquía dominicana en su afán de perpetuarse en el poder, multiplicar su riqueza  y proteger sus intereses de clase, utiliza un vapuleado discurso patriótico y nacionalista con fines de enmarañar a la gran mayoría de los dominicanos y mantenerlos ensañados bajo el espinoso tema de la migración haitiana, haciéndoles creer que esa es la causa principal de su pobreza y desgracia.
Esta falsa y distorsionante retórica es amplificada a través de los comunicadores bocinas, y patrioteros de hojalata, quienes mantienen al pueblo alarmado y listo para guerrear en defensa de su “soberanía escamoteada”.
A esa clase dominante no le interesa destacar quienes son los dominicanos de sentido más puro y sacrificio por esa nación y que gracias a su denodado aporte económico al país, este se mantiene a flote. Esos verdaderos patriotas dominicanos son aquellos hombres y mujeres de honra que ante la miseria espantosa y la inseguridad de una nación que le negaba las posibilidades de subsistencia, prefirieron emigrar hacia otras latitudes en búsqueda de mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.
Los dominicanos emigraron principalmente a Puerto Rico, Venezuela, Estados Unidos, España, y algunas islas de la región caribeña.
En el caso de aquellos que se dirigieron a Puerto Rico de manera ilegal, lo hicieron a sabiendas de reconocer el gran peligro que corrían, pudiendo perecer en alta mar, como es el caso de cientos de dominicanos que fallecieron trágicamente al naufragar su frágil embarcación, malogrando su destino. El drama humano y las peripecias de semejante arrojo se presentan sabiamente en la novela “Yolero” del escritor dominicano Pedro Báez, residente en Estados Unidos.
En “Yolero” su autor nos presenta un capítulo del drama humano protagonizado a diario por hombres y mujeres provenientes de los extractos más bajos de la sociedad dominicana, quienes al verse privados de las condiciones básicas de sobrevivencia, se ven compelidos a arriesgar sus vidas en frágiles embarcaciones buscando afianzar sus sueños. Optar por la yola se convierte en el primer y último recurso de los desventajados sociales, debido a la agobiante asfixia que los empuja al desarraigo.
En esta travesía, quienes salen airosos empiezan un segundo capítulo, el de vivir bajo la sombra, la incertidumbre y el temor, en tierras lejanas; mientras quienes naufragan, enlutan los titulares de las principales noticias. Báez,  en esta enuncia-denuncia toma responsabilidad social sobre un tema diaspórico que es a menudo tratado desde la orilla, pero que más sin embargo encuentra en esta obra las verdaderas causas que originan el problema.
Esos hombres y mujeres antes que dedicarse a delinquir, y con ello deshonrar su amada patria, prefirieron violar las leyes migratorias del país receptor, además de tener que vivir en el limbo y el temor. Con un estatus indefinido tuvieron que enfrentar grandes dificultades para la sobrevivencia debido a lo peliagudo que es conseguir un trabajo en tales circunstancias, amén de los vejámenes resultantes de su cualesquiera fuera su condición de inmigrantes y ser víctimas de discriminación racial y actitudes xenofóbicas.
Sin importar todas estas calamidades, estos dominicanos han tenido que hacer de tripa corazón para lograr sus propósitos como inmigrantes. Han tenido que cargar con la responsabilidad de mantenerse ellos, sus hijos y encima de eso, a los familiares que dejaron atrás, ya que en su país de origen, sus gobernantes son incapaces de satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos y garantizarles el bienestar social.
Los dominicanos de la diáspora han tenido que batallar mucho para incorporarse a esta sociedad, preservando sus raíces, y tradiciones culturales. Han tenido que vivir bajo una especie de alteridad con respecto al mainstream y los proponentes del melting pot, que buscaban fundir las expresiones culturales de los diversos grupos étnicos en la nación para que se asimilara la cultura dominante.
Estos inmigrantes también han tenido que resistir ideas mezquinas que desde el espacio social del patrio lar buscaban quitarle al que se había marchado, su derecho a reclamar su identidad patriótica. Este apego de los dominicanos en Estados Unidos por no perder su nacionalidad, le afectó negativamente en el sentido de que por varias décadas no dieron el paso de naturalizarse ciudadano de los Estados Unidos y así viabilizar la traída de sus familiares con más prontitud, al igual que ejercer su derecho al sufragio y así lograr su avance social, político y económico en esta nación.
Sin embargo, los dominicanos empezaron a involucrarse en actividades de carácter cívico y político con mayor ahínco cuando una ola anti-inmigrante amenazaba con negar a los indocumentados y a sus hijos el acceso a la educación y salud básica.
Se trataba pues de la descabellada “Proposición 187” promovida por el entonces Gobernador de California, el Republicano Pete Wilson, en 1996.  Luego, con la aprobación en República Dominicana de la doble ciudadanía, los dominicanos decidieron cambiar su destino en Estados Unidos participando en los certámenes electorales.
Como resultado de la participación de los dominicanos en la comunidad y la política doméstica, se han conquistado importante escaños  y posiciones administrativas tanto en los gobiernos municipalidades, estatales y el congreso de los Estados Unidos. La comunidad dominicana, pujante, empresarial de 1. 3 millones de habitantes en esta nación es un ejemplo de progreso, transformando sus comunidades y aportando al desarrollo de esta nación.
En conclusión, pienso que el desprendimiento generoso y  enorme sacrificio de estos hombres y mujeres para con su gente y su país de origen, les merece un espacio digno en las paginas gloriosas de nuestra historia patria y un reconocimiento de patriotas decorosos, a quienes hay que tratarle con la debida admiración y respeto.