Ansiedad cultural = Reelección siempre

Ansiedad cultural = Reelección siempreAnsiedad cultural = Reelección siempre

Ricardo Pérez Fernández | ECONOMISTA Y POLITÓLOGO

En el marco de un interesantísimo debate organizado por la fundación de Peter y Melanie Munk, sobre la interrogante de si estaríamos o no atestiguando el fin del orden liberal internacional, uno de los participantes apeló al concepto de la “ansiedad cultural” para explicar su punto de vista.

Fareed Zakaria, periodista, prolífico escritor y pensador de la geopolítica contemporánea, razonaba que el resurgir de las derechas recalcitrantes, los autoritarismos y los neo-nacionalismos no significaba necesariamente el fin del orden liberal internacional establecido al término de la Segunda Guerra Mundial. No, sino que esto era una simple manifestación política, por demás pasajera, de un cohorte poblacional que sentía “ansiedad cultural” ante tantas transformaciones socioeconómicas y ante su inexorable avance hacia un estatus de minoría relativa.

Justo eso, se podría argumentar, explica la reaparición de las derechas extremas en Europa, y el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos: caucásicos, más próximos a la adultez mayor que a la juventud, en situación de relativa desmejora económica, que sienten que han sido la globalización y la inmigración los culpables de su pérdida paulatina -como grupo poblacional- de hegemonía social y económica.

De esto anterior, es fácil colegir y dar forma a lo que sería una definición de este elemento de la “ansiedad cultural”. Este es, fundamentalmente, la suma de todos los temores que sienten aquellos que han experimentado desmejoras en sus vidas, y que en realidad no entienden por qué. Ante este escenario lo instintivo resulta siempre culparlos a “ellos”; “ellos” siendo todos los que no somos “nosotros”. Esta ha sido la conducta del ser humano desde tiempos inmemoriales.

Cuando a esto anterior se aúnan, por un lado, el sentimiento que es provocado al observar nuestro alrededor y no sentirnos ya del todo en casa, a pesar de encontrarnos en el único lugar que siempre lo ha sido; y por otro lado, los cantos de sirena de un populista capaz de poner nombre y apellido a “ellos” —en el caso de Trump: los chinos, los mexicanos, la globalización, los musulmanes—, estaremos ante el nacimiento o consolidación de un movimiento político neo-nacionalista o de derecha extrema. Y ese, argumentaba en esencia Zakaria, es el episodio del momento, uno que será fugaz y que no afectará el crecimiento y la consolidación del orden liberal internacional.

Una definición más simple de este componente de la “ansiedad cultural”, podría ser que este es el sentimiento experimentado por aquellos que, en el ámbito sociocultural, se encuentran inmersos en olas transformacionales que no apoyan o no entienden, y que en el orden económico le auguren una relativa desmejora de sus condiciones de vida. Esa es la “ansiedad cultural” detrás del surgimiento de las nuevas derechas.

Sin embargo, siendo algo flexibles en la aplicación del concepto, esto de la “ansiedad cultural” podría muy bien explicar un fenómeno que desde siempre nos ha acompañado en la República Dominicana: la necesidad de la reelección del presidente de turno, llámese como se llame.

La “ansiedad cultural” criolla
Cuando decimos ‘desde siempre’, realmente eso significamos. Desde la fundación misma de la República, los dominicanos hemos manifestado nuestra inequívoca atracción hacia el caudillismo, y todas sus expresiones individualistas del control político.

A medida que hemos ido avanzando, principalmente por la evolución cívica de naciones que nos rodean, nuestra preferencia hacia los liderazgos políticos y ejercicios dilatados de poder, ha tenido que surcar los vericuetos que los marcos legales han establecido. Y de ahí que se haya convertido en el pan nuestro de cada ciclo electoral la “necesidad” de ajustar lo que hiciera falta, para que el presidente de turno continúe gobernándonos.

Hoy en día, y al menos desde que una nueva generación asumiera la primacía política de la nación en 1996, estos episodios se han manifestado de manera específica en las modificaciones constitucionales logradas y propuestas para que pudiese permanecer al mando del  poder ejecutivo el gobernante del momento. Pero, ¿qué nos lleva a querer deshacer y trastocar nuestra Constitución, una y otra vez, con el único propósito de pretender perpetuar al presidente de turno? ¡Cáspita, es la “ansiedad cultural”!

Definimos, en su versión más simple, la “ansiedad cultural” como el sentimiento experimentado por aquellos que, en el ámbito sociocultural, se encuentran inmersos en olas transformacionales que no apoyan o no entienden, y que en el orden económico le augure una relativa desmejora de sus condiciones de vida, y esto justamente es por lo que atraviesan quienes advierten que ya les toca salir del poder.

¿Cuáles podrían ser esas realidades, en el ámbito sociocultural, que quienes se aprestan a salir del poder no apoyan o entienden? Sencillo: la salida misma del poder.

En una sociedad tan servil y aduladora de aquellos que administran lo público, esa pérdida de importancia, de atracción social y hasta gracia de quienes dejarían de ser los decisores del momento, para dar paso a los próximos, puede causar serios trastornos y ansiedades en algunos. Especialmente, entre aquellos que fueron relativamente anónimos hasta alcanzar la siempre efímera categoría de funcionario, y más aún, entre aquellos que ingresaron a la política por entenderla su mejor avenida hacia la búsqueda de ascensión y trascendencia política, social y económica. Lo vemos siempre, y sé que ustedes mismos al leer estas líneas identifican a algún conocido que encaje en ellas.

En el ámbito económico es más fácil verlo y entenderlo. Todo gobierno, por diseño o azar, beneficia económicamente a ciertos actores; al igual que en todo gobierno —en todos, sin excepción— siempre habrá aquel servidor público que no haya ido al Estado a servir sino a servirse. Búsquelo, tanto ayer, como hoy y mañana, y verá que quienes anduvieron, andan y andarán en promoción de una reforma a la constitución que permita la reelección, son los actores, privados y públicos, que hayan derivado beneficios económicos de la gestión del presidente de turno. Y es que, definitivamente, parece que es una especie de “ansiedad cultural”, aunque de espectro cortísimo, lo que explica que colaboradores cercanos a cada presidente se desgarren las vestiduras en su intento de, por el bien del país, claro, procurar la reelección del mandatario. Es tiempo, como sociedad, de crecer y evolucionar.