Aliento del Cielo – Julia Castro/LAS CICATRICES

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Julia Castro

LAS CICATRICESAliento del Cielo                                                             

“…quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.  Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.”  1ra. Pedro 2:24-25.

Las cicatrices según el diccionario son una señal o marca que queda en la piel después de cerrarse una herida.  En la mayoría de los casos las cicatrices, dependiendo el caso que produjo la herida, el tamaño, lo que la motivó, éstas van a cicatrizar; no podemos juzgar a nadie que tenga muchas luchas para poder superar sus crisis porque cada ser humano es diferente.  Dios nos creó con mentes y pensamientos que sólo él puede transformar y moldearlos a su manera.  Las heridas abiertas pueden permanecer mucho tiempo en las vidas dependiendo de la fuerza, la capacidad que tenga la persona para sobrellevar lo que en ella ha sucedido.  Muchas veces estas heridas son producidas no sólo por golpes físicos, por accidentes; sino también por recibir críticas, murmuraciones, falsos testimonios, palabras deshonestas, las cuales marcan de manera profunda y hacen tanto daño que la recuperaciòn se hace lenta.  Las cicatrices pequeñas pueden irse borrando con el paso de los años, éstas son las superficiales; pero las del alma, las internas, esas son marcas perennes y que solamente con la ayuda de Dios pueden ser superadas.  Muchas de ellas no nos gustaría que nadie viera y si sucediera nos daría verguenza.  Otras son provocadas por la vida que hemos llevado fuera de Jesús.

La Biblia nos habla de Aquel “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero…”, nuestra vida de desobediencia a Dios es pecado y por esa razón debemos ser agradecidos porque el tomó nuestro lugar y sufrió para llevarse cada dolor, cada sufrimiento, cada desengaño; pués sólo Jesús puede darse el lujo de mostrar sus cicatrices para que nosotros podamos ver el sufrimiento que él pasó.  El mostrar las marcas hechas por los clavos en sus manos y pies; su frente ensangrentada por la corona de espinas, por la lanza en su costado y cada uno de los latigazos en su espalda, son una muestra fehaciente de que alguien que nos ama pudo haber aguantado tanto dolor “…para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”.  Sólo cuando venimos a él podemos recibir sanidad para nuestras heridas, nuestra fe puede crecer; podemos ser transformados por el Espíritu Santo y ser llenos de Su gracia.  Dice en Gálatas 6:17 “De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.” El Apóstol Pablo podía expresar estas palabras con toda autoridad, pues había sufrido vejámenes como el mismo Señor Jesús y por tal razón él tenía el mismo sentir y nada de lo que sucedía afuera no iba a quitar lo que ya él había experimentado.  Acerca de los sufrimientos de Pablo dice 2da. Corintios 11:25-26 “Tres veces he sido azoto con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligro de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos….”  Todos tenemos un héroe que ha sanado nuestras heridas más profundas, en primer lugar el Señor nos limpia de todo pecado y comienza a regenerar cada célula de nuestro ser dándonos vida nueva y una razón nueva crecer y para entender que aunque las cicatrices estén ahí para recordarnos hechos pasados, en la cruz del Calvario tenemos la esperanza de que el dolor que podamos sentir, se puede transformar en un testimonio de ayuda para otros.  Las cicatrices en mchos casos nos quieren hacer vivir en el pasado todo el tiempo; pero Cristo, el dador de la vida, nos promote cambios inigualables y de una calidad excelente.  Sólo tenemos que aceptar el sanador de las heridas, el que no importando nuestra condición nos extiende sus brazos de amor y nos levanta.  Si esas cicatrices son tú carga,  él te dice en Mateo 11:28  “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Dios te bendiga.